dissabte, 21 de maig de 2016

VIAJE A FEZ, MARZO 2016


Día 8
    En  este viaje lo hicimos un grupo de cuatro personas, Irene, Melani, Carlos y un servidor.
    Aterrizamos a las 18:30 (hora local), pasamos el control de pasaportes e hicimos el cambio de moneda allí mismo. Al salir del aeropuerto, cogimos un taxi, el precio oficial es de 20 €, pero si regateas lo puedes sacar por menos dinero; nosotros conseguimos llegar a la entrada de la Medina por 13 €. Es importante  pactar el precio antes de subirse. El taxi suelen ser  un vehículo viejo y destartalado, aquí  no pasaría  la ITV ninguno. La conducción es caótica, no me extraña que Marruecos sea el tercer país del mundo con más accidentes de tráfico. 
    Cuando llegamos a la Medina  ya había oscurecido, por lo que decidimos coger un guía, pero nos juntamos como por arte de magia, se acopló uno más. Nos llevaron a cenar a un restaurante, que supongo seria de algún amigo o familiar. Nos esperaron y luego nos acompañaron al Riad Doha, que es donde se alojaban Melani e Irene, y después al  Dar Lalla Kenza. Tuvimos una pequeña disputa por no haber pactado el precio del servicio al inicio, pero al final todo se arregló y no pasó nada, quedó solo en anécdota.
    Del Riad  resaltar la amabilidad y atención de Omar, el recepcionista.  Mi habitación era pequeñísima  más que un cuarto, parecía un zulo. Pero las zonas comunes eran agradables.
Día 9
     Por la mañana en el desayuno,  conocimos a Yolanda y Cristian (de Gandía), llegaron el mismo día que nosotros, aunque en otro vuelo.
     Nos juntamos todos y salimos los seis a “explorar” la Medina. Visitamos la famosa Tenería Chouara, aunque estaba  en obras, porque la Unesco la declaró  patrimonio de la humanidad y dio dinero para su restauración. Como curiosidad, al entrar te dan una ramita de hierbabuena para no notar el fuerte hedor de sus aguas putrefactas que son necesarias  para poder curtir las pieles. Suelen utilizar excrementos de paloma para pudrir el agua.


     Al salir nos dirigimos a una herboristería museo que había en la misma calle, allí nos enseñaron productos tradicionales que hacen en Marruecos como perfumes, jabones, hierbas medicinales etc. 




    Sin perder tiempo, anduvimos  por las callejuelas de la Medina, Fes el Bali es la isla peatonal más grande del mundo, tiene más de 900 calles. Cualquier cosa que se debe transportar por ahí, se  lleva en un carrito empujado a mano o en burro. Las calles son  muy estrechas  y con desniveles por lo que es imposible el paso de automóviles. Todo lo que es Fes el Bali parece de otra época, el caos, la desorganización del trafico, los puestos de comida en la calle, las paraditas carro donde venden verduras, los carritos llenos de naranjas.... en definitiva  un viaje al pasado.


     Cuando se hizo la hora de comer, fuimos a  un restaurante  cercano a los riads.  Curiosamente tenían tres tipos de cartas, con distintos precios según si eres turista o no. Pedimos platos típicos (como el Cous cous, trajín de cordero, pastilla) todo estaba delicioso y económico. Nos atendió Mustafá, un anciano muy simpático y atento, con mucho sentido del humor. Después de comer, nos fuimos a tomar café y té a un bar de la calle principal.
   Regresamos al Riad antes de la puesta de sol, ya que queríamos oír la oración de las mezquitas. Justo cuando se pone el sol se activan  los altavoces. Este cantico se hace cinco veces al día, el primero de la mañana coincide con el alba, a todos nos despertaba de madrugada. Para acabar el día, cenamos en el riad donde  bocadillos.



Día 10
   Este día decidimos  contratar  una excursión con guía  para ver el exterior de la medina. Abdul nos presentó a Azdine Mouharrir que sería el guía que nos llevaría con la furgoneta a los seis. Visitamos el castillo del Norte,  varios cementerios, y nos mostro todo Fes el Bali desde fuera y su historia. En la ruta incluimos la visita a ver la fábrica de mosaicos,  Artgile. 



Como curiosidad, destacar que la arcilla que usan es característica de la zona y no es rojiza, sino gris, según nos explicaron es único. En esa empresa se trabaja de forma tradicional, como antes. El torno se mueve con el pié, los artesanos cortan los mosaicos a mano, únicamente valiéndose de un martillo y se pasan horas sentados en el suelo cortando y cortando  pedazos de mosaico con los que más tarde los pegarán con cemento creando preciosos dibujos.
   Una vez acabada la ruta turística le pedimos a Azdine que nos dejase en la puerta azul que es la entrada más emblemática de Fes el Bali. Allí comimos y volvimos a Riad adentrándonos y cruzando la Medina. Como es bastante complicada la orientación, nos perdimos y salimos en otra parte, por lo que tuvimos  que coger un transporte para que nos llevase a la plaza Rcif, no sin antes haber paseado por las incasables callejuelas de ese inmenso zoco, vimos infinidad de tiendas de todo tipo a derecha e izquierda, de ropa, de pastas, bolsos, abalorios etc.




Como ya llegaba el ocaso nos apresuramos para llegar al Riad pronto para volver a escuchar la oración desde la azotea. Luego salimos a cenar al restaurante dónde habíamos comido el día anterior.

Día 11
   Este día teníamos también otra excursión, esta vez pasaríamos fuera todo el día. Sobre las 9 horas vino a recogernos Mustafá, el guía. En primer lugar nos dirigimos a Ifrane, un precioso pueblo tipo europeo que estaba situado en el Atlas Medio. Se trata de una población bastante importante, ya que allí se encuentra un centro de entrenamiento de deportistas profesionales de Marruecos. También se encuentra la importante universidad Al Akhawayn University. Hacía mucho frio y aun quedaba algo de nieve de la importante nevada de la semana anterior. Paramos unos 30 minutos para dar un paseo, la verdad es que no había demasiado que ver; a  parte de una bonita plaza central con una fuente y una estatua de un león. Llama la atención que las casa son de techos muy inclinados al estilo europeo, no parecía que estuviéramos  en Marruecos. Después continuamos el camino hacia el bosque a ver  los monos, pero antes paramos en un mirador para contemplar las vistas del Atlas Medio. Como había algunas cabañas con suvenires decidimos realizar algunas compras y después continuamos el camino hacia el bosque. Al llegar me llamó la atención  que los monos acampaban a sus anchas por el terreno parcialmente nevado. Eran animales dóciles, comían de la mano, pero  no se dejaban tocar ya que se asustaban y huían.


    Disfrutamos alimentándolos con trozos de plátanos y cacahuetes (1 bolsa costaba 5 dírhams que equivalía a unos 50 céntimos de Euro). También habían caballos, por 20 Dm, unos 2€ te paseaban unos 5 min con el cuidador a pie al lado sujetando el caballo. Carlos, el más intrépido del grupo, se atrevió a montarlo solo e incluso lo hizo trotar.
    Allí estuvimos alrededor de una hora y después comimos en Azrou. Este pueblo, era pequeño pero pasamos por un camping con una bonita entrada, y muy cerca había una mezquita  así que, Mustafá nos pidió si podía ir a rezar, mientras nosotros hacíamos  fotos en el camping y alrededores. Fotografié  a unos niños muy simpáticos, al principio por timidez no se atrevían a posar, pero al preguntarles si querian que les hiciese una foto, aceptaron de inmediato



Cada foto que les hacia se la enseñaba, ellos se reían al verse en la pantalla de la cámara digital y querían mas, fue un momento especial y el resultado espectacular. Regresé a la furgoneta y cuando estuvimos todos, nos fuimos a comer a un bar/restaurante. 
   Después de comer nos dirigimos a un lago bastante grande, aunque no tenía mucho de especial, tome  fotos, dimos un paseo y nos acercamos al precioso pueblo de Bhalil. Es un pueblo conocido por sus casas cueva. 




Fuimos a visitar una, y al llegar, Mohamed, el anfitrión ya nos estaba esperando en la entrada del pueblo, junto al arco o puerta de entrada. Lo acompañamos andando hasta su casa, muy humilde por cierto, y nos ofreció con simpatía un excelente té. Estuvimos hablando con él un rato y después nos dirigimos hasta una cascada cercana, que era el lugar de veraneo de la gente del pueblo.
   Después finalizamos la excursión una vez en Fez,  cenamos algo en el Riad, y como despedida, ya que al día siguiente tocaba regresar a Barcelona, nos tomamos una Shisha.

 
Día 12
  El último día desayunamos todos juntos sobre las 9 de la mañana. Mustafá vino a recoger a Yolanda y Cristian para llevarlos al aeropuerto, y quedamos con él para que también nos llevase por la tarde. Hicimos una última salida al mercado de la medina, donde están todas las paradas de alimentación, carne, pescado, verduras... Nos llamo mucho la atención  que en las pescaderías no usaran hielo para conservar el pescado. Todas las paradas eran muy pequeñas, pudimos ver a un hombre limpiar pescado junto a una parada, sentado en el suelo en pleno paso. Lo que más me impacto fue una parada de carne de camello, habían  colgado la cabeza cortada de un camello como rotulo publicitario, realmente impactaba, es como un viaje a la edad media en muchos sentidos. En la medina puedes ver todos los oficios, ordenados por zonas, la zona de los peleteros, artesanos del cobre, tejidos, etc.




    Alrededor de la una, fuimos a comer al restaurante de siempre en la plaza Rcif, al salir nos despedimos del camarero que nos había atendido durante la estancia en Fez siempre tan atento, tan amable y simpático. Nos dirigimos al hotel, recogimos las maletas y esperamos a Mustafá. Sobre las 16.30 nos dirigimos al aeropuerto. Allí volvimos a hacer el cambio de moneda, pasamos la revisión de los pasaportes y embarcamos de regreso a Barcelona.

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